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Los Asperones, un barrio marginado en plena Costa del Sol

La calle de entrada al barrio

El vecindario, las asociaciones y los profesionales de esta barriada de las afueras de la ciudad de Málaga siguen levantando su voz para cambiar la injusta situación que tienen que vivir. Han recogido 300 firmas pidiendo la dignificación de sus vidas que pasa por cosas tan cotidianas como el alumbrado público y otras más especiales como el Plan Integral que permita el desmantelamiento de la barriada y la incorporación de las familias en la ciudad.

El barrio se levantó para que durara tres años con la idea de erradicar el chabolismo y dar un alojamiento provisional. Han pasado 30 años.

Tres décadas de provisionalidad, donde las administraciones públicas responsables, el Ayuntamiento de Málaga, la Junta y el Gobierno central, no han sido capaces de dar una solución y muestran sus vergüenzas en una ciudad de cartón piedra y museos, en la que miles de personas visitan la céntrica calle Larios donde una cantidad ingente de euros ha creado uno de los mejores alumbrados navideños de Europa. Mientras en los Asperones, en la ciudad de carne y hueso, hace 6 meses que no existe alumbrado público. Un millar de personas viven en condiciones deplorables, entre ellas cientos de niños, que por ejemplo algunos de ellos no disponen de un lavabo en casa, según el equipo de educadores.

Mural reivindicativo

A principios del 2018, la Junta anunció que el Ejecutivo central había aceptado facilitar el dinero para el plan integral que debía culminar con el desmantelamiento. Serían necesarios siete años y unos 30 millones de euros para completar el proceso de desalojo. Pero nada se ha movido. Excepto los vecinos que han de organizarse para conseguir derechos tan básicos que no es posible entender como nadie ha hecho nada por ellos en tres décadas.

Demandas vecinales totalmente básicas

Las demandas vecinales son tan sencillas como que las farolas iluminen las calles, que se retire de las viviendas la uralita, declarada cancerígena por la Organización Mundial de la Salud y prohibido desde hace décadas, un parque para los niños, que las vías del Metro que pasan por la puerta del barrio se conviertan en parada y que puedan empadronarse como el resto de los ciudadanos de la Costa del Sol.

Según Patxi Velasco, director del colegio público de la barriada, es la forma que tienen de luchar por la dignidad y justicia social unas personas condenadas a la marginación.

El colegio público María de la O, actúa como motor social en coordinación con más entidades.

En la escuela los niños tienen el desayuno y la comida asegurada, realizan actividades por la tarde y las familias piden a los maestros todo tipo de ayuda. El centro escolar tiene un mural en la puerta con estrellas que representan a los alumnos que se han graduado. En el 2017 pusieron un brillante lucero por el primer vecino del barrio que accedió a la universidad. Próximamente quieren bautizar la placeta de delante del centro como la de Los Derechos de la Infancia. Toda una reivindicación.

El mural de las estrellas.

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